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Hernán Cortez
7-1 LA POLITICA Y LOS ADMINISTRADORES DE LA GUERRA

7-2 PRESIDIOS Y POBLADOS DEFENSIVOS

7-1 LA POLITICA Y LOS ADMINISTRADORES DE LA GUERRA

La llegada del cuarto virrey de la Nueva España, don Martín Enríquez de Almansa, en diciembre de 1568, inició un período de estabilidad política que parecía augurar una mayor atención a los problemas de la guerra en el norte y protección a los caminos de la plata. Enríquez comenzó su virreinato bajo buenos auspicios, infligiendo una rotunda derrota a los primeros intrusos ingleses, Jhon Hawkins y sus tratantes de esclavos en una batalla naval frente a San Juan de Ulúa. Entonces, el nuevo virrey procedió a reducir los enconados antagonismos de la conspiración Ávila-Cortés, mediante una política de generosidad hacia las víctimas de las represalias del gobierno anterior. La llegada de Enríquez resultó un alivio en la agitación político-social que tenía inquieta a la Nueva España desde los primeros años de la administración de Velasco, y que había obstaculizado los esfuerzos virreinales en la frontera del norte.

Los doce años de la administración de Enríquez no fueron un período de espectacular expansión de los límites fronterizos anteriores, como las exploraciones y descubrimientos de Ibarra habían acelerado el avance español en tiempos de Velasco; en cambio, Enríquez concentró su atención en consolidar los avances previos mediante la organización de los procedimientos administrativos y militares.

Los años de Enríquez fueron vitales en la consideración gubernamental de la política general que debía seguirse para pacificar a los tribeños del norte.

En cierto sentido, el que Falces no hubiese logrado una conciliación y el intensificado clamor de las ciudades y religiosos en pro de una acción vigorosa, facilitaron la principal decisión de Enríquez, quien se vio virtualmente forzado por las circunstancias a declarar una política de “guerra a fuego y a sangre” en su gestión. Aún así, no dejó de discutirse lo justo de semejante política, particularmente en su relación con la esclavización de los chichimecas capturados. La intensificación del esfuerzo militar español y la creación de ciertas normas para la esclavitud fueron las principales características de la política seguida hasta mediados de la década de 1580. Entre la llegada de Enríquez y el arribo del marqués de Villamanrique (1585), se intentó la pacificación de los chichimecas mediante la espada y la esclavitud, y no dio el resultado apetecido. Tal sería una lección valiosa -pero arduamente conquistada- para quienes confiaban en la conquista a la manera de Hernán Cortés.

Se logró un comienzo en materia de política general en octubre de 1569, cuando el virrey reunió a los teólogos más destacados, representantes de las tres principales ordenes religiosas (franciscanos, dominicos y  agustinos), para discutir el problema chichimeca. Estos dignatarios convinieron en que la guerra contra los chichimecas era justa, y aún obligada; pero sólo condenaron una esclavitud limitada.

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7-2 PRESIDIOS Y POBLADOS DEFENSIVOS

Todos los virreyes de México del siglo XVI se vieron obligados a interesarse en la defensa de los caminos contra las depredaciones de los chichimecas; la mayor parte de las medidas españolas en las cuatro primeras décadas de la guerra hispano-chichimeca tendieron a salvaguardar el tráfico de los caminos. Como hemos visto, la primera colonización defensiva, emprendida por el virrey Velasco, tuvo como móvil básico la protección del camino México-Zacatecas. El siguiente paso importante -el acantonamiento de tropas y fuertes a intervalos alrededor de estos caminos, con escoltas militares para los convoyes de carretas- fue tempranamente planeado, pero tardíamente puesto en vigor. Más de dos décadas de guerra con los chichimecas pasaron antes de que se pusiera en efecto la política de los presidios, que incluía un sistema de escolta militar entre los puntos defensivos fortificados, llegando a ser base de la estrategia militar española en la Gran Chichimeca.

La necesidad de esta clase de acción que había aumentado hasta tal grado a fines de la década de 1560, el virrey Enríquez la consideró de fundamental importancia y pronto prestó atención a la salvaguardia del camino México-Zacatecas. La parte más peligrosa de este camino se hallaba entonces entre San Miguel y Zacatecas, donde el camino corría paralelo a los bordes del territorio de los guachichiles.

Los dos primeros presidios construidos por orden de Enríquez fueron el de Ojuelos y el de Portezuelo, al norte de San Felipe, escenario de las más grandes depredaciones de los guachichiles. Es probable que ambos fuertes fuesen levantados en 1570. El Presidio de Ojuelos en el lugar hoy conocido como Ojuelos de Jalisco, fue establecido por el capitán Pedro Carrillo Dávila con algunas de las tropas de la escolta de la audiencia de México. Carrillo Dávila ya estaba bien versado en la guerra contra los chichimecas por su papel de justicia de la Villa de San Felipe. Había sido capitán desde el tiempo de las campañas de Pedro de Ahumada, y también había luchado contra los chichimecas diez años antes. El fuerte de Portezuelo estaba localizado casi a mitad del camino entre San Felipe y Ojuelos, en el paso entre la Sierra de San Pedro y la Sierra del Pájaro cerca del actual poblado de Ocampo. Al parecer, el número de soldados acantonados en estos dos fuertes no era muy grande: una orden del conde de Coruña en 1582 determina que solamente había de haber seis soldados para estos dos presidios “y más adelante”.

Más allá de San Felipe, Portezuelo y Ojuelos, pronto se colocaron tres presidios más en el camino de Zacatecas, al pasar por la audiencia de la Nueva Galicia. Fueron: Las Bocas, Ciénega Grande y Palmillas, que fueron fundadas por el capitán Juan Domínguez, experimentado combatiente de indios, bajo la supervisión general del doctor Orozco, administrador de la frontera de la Nueva Galicia. Las Bocas fue el primer fuerte situado al norte de Ojuelos, probablemente ubicado en Las Bocas de Gallardo, hoy en el estado de Aguascalientes. Se hallaba dentro de la alcaldía mayor de Teocaltiche en 1584, más o menos en la actual frontera de Zacatecas y Aguascalientes, ligeramente al sudoeste de la moderna Villa García. Palmillas se hallaba cuatro leguas al sudoeste de la ciudad de Zacatecas, cerca del actual poblado de Ojocaliente. Ciénega Grande, más cerca de Las Bocas que de Palmilla, probablemente se hallaba ubicado cerca de la actual Tepezala: se describió como “sobre los ríos de Tepezala”; acaso estuviera a orillas del río hoy conocido como Gil, o Ciénega Grande, en la actual frontera entre Aguascalientes y Zacatecas, directamente al este de la ciudad de Rincón de Romos.

Para suplementar estos cinco fuertes se estableció una guarnición de soldados en San Felipe, al parecer después de 1571. Ya en 1585, había allí localizados veinte soldados de presidio.

Aún más que la política de presidios organizada por Martín Enríquez, el establecimiento de poblados españoles defensivos fue consecuencia duradera y fundamental de la lucha del siglo XVI en la Gran Chichimeca. Estos poblados defensivos generalmente son parte integral del sistema de protección a los caminos planeado por Enríquez y por don Luis de Velasco. La mayoría de los poblados pronto llegaron a ser sedes de guarnición; sus primeros pobladores frecuentemente fueron soldados; su agricultura y ganadería mantuvo vivo el tráfico por la tierra de guerra, y sostuvo precarios campos mineros ante el peligro indio. Debe recordarse que el virrey Velasco comenzó con poblados defensivos antes que presidios para la protección en los campos (aunque también él planeó esta última), sabia política que fue extendida durante la administración de Enríquez y que, en último análisis, resultó la mejor base para que la fuerza de españoles e indios sedentarios lograra imponer el orden en la tierra de los chichimecas.

El mayor de todos los poblados defensivos españoles establecidos por el virrey Enríquez fue Celaya. Cronológicamente, Celaya fue el primero; estratégicamente, uno de los más importantes, y en el futuro había de ser una de las ciudades de México. Su fundación fue autorizada por Enríquez el 12 de diciembre de 1570, como resultado de una petición de un grupo de estacionarios vascongados de los alrededores de Apaseo, deseosos de fundar una ciudad que pudiera servir de protección contra los ataques chichimecas. Celaya fue planeada, parcialmente, como poblado indio -para ayudar a congregar a los indios nómadas del Bajío-, pero sus principales objetivos fueron la protección a los caminos y la colonización de una zona en que pudiera cultivarse alimentos para las minas del norte.

La petición de los estancieros para la fundación de Celaya fue aprobada por el doctor Francisco de Sande, teniente capitán-general para la audiencia de México. Juan Torres de Lagunas, alcalde mayor de Guanajuato, fue nombrado por el virrey para elegir el sitio exacto del poblado propuesto, tomando en cuenta las necesidades de la protección a los caminos. La decisión de Torres de Lagunas había de ser confirmada por el doctor Sande. Este último fue encargado de planear la nueva población y de designar los sitios de la iglesia, la casa de cabildo, la plaza, así como las concesiones a colonos. Al parecer, la construcción de los edificios del poblado se llevó a cabo bajo la supervisión del doctor Alonso Martínez, juez de comisión y visitador de Celaya y otros poblados del Bajío.

Otra importante fundación, durante el período de Enríquez fue la de la villa de León en el Valle de Huastatillos (después llamado Valle de Señora). La orden de planear y organizar fue al doctor Juan Bautista de Orozco. Como principal razón para fundar la ciudad, el virrey afirmó que era necesaria para la pacificación de los rebeldes chichimecas de las cercanías y especialmente para la protección de las minas de Comanja y Guanajuato. La jurisdicción de la nueva villa había de extenderse cuatro leguas hasta los límites de Guanajuato e incluiría cualesquiera tierras que pudieran haber hasta el borde del río Grande dentro de los límites de la audiencia de la Nueva Galicia. Si se encontraban 50 vecinos en el nuevo asentamiento sería  llamado “villa”;  en  cuanto  fueran 100, sería llamado “ciudad”.

Se exigió a los vecinos de León que poseyeran sus propias armas y caballos, para su protección; de otro modo no recibirían las concesiones de tierra. Orozco eligió el emplazamiento de la nueva ciudad, y las ceremonias de la fundación se celebraron el 20 de enero de 1567. Para ayudar en la construcción de edificios, Orozco ordenó que de Acámbaro se enviaran 150 indios. Sin embargo, el virrey Enríquez redujo esta cifra a 100, porque los indios de Acámbaro ya estaban comprometidos a trabajar en Celaya y en las minas de Tlalpujagua y porque no podía conseguir tantos trabajadores como los que Orozco había considerado necesarios para León.

Entre la fundación del poblado de Celaya y el de León, se hicieron intentos por establecer colonos en Charcas, al norte de lo que después sería el poblado minero de San Luis Potosí, y en Tepezala, al norte de Aguascalientes. Las órdenes reales estuvieron fechadas el 16 de abril de 1573, y al parecer en ese mismo año se intentó cumplir con ellas. Sin embargo, para marzo del año siguiente, estos poblados incipientes estaban resultando demasiado débiles para resistir los embates de los chichimecas y estuvieron a punto de ser abandonados, lo mismo pudo decirse de Santa María de los Lagos, que había sido fundada una década antes; por entonces sólo quedaban ocho vecinos en Lagos. Estos tres poblados fueron considerados de importancia por su estratégica ubicación para la defensa, pero las ofertas de tierra y otros incentivos no atrajeron al principio suficientes colonos para disipar el miedo a los chichimecas. En una cédula real del 21 de abril de 1574, el doctor Orozco fue alabado por su diligencia al establecer Charcas y Tepezala y al darles capitanes y en la audiencia de la Nueva Galicia recibieron órdenes de hacer todo lo posible para formar más poblados en los sitios de peligro, así como en la frontera de los indios pacíficos, para poder protegerlos.

El pueblo de Aguascalientes, cerca de Tepezala, parece haber cumplido mejor con sus funciones defensivas (salvo algunos fracasos temporales) probablemente porque cuando el poblado se fundó ya había en sus alrededores bastantes vecinos dispersos. Se dio permiso de fundar la ciudad a Juan de Montoro, Alonzo de Alarcón, Gerónimo de la Cueva “y otras muchas personas” que deseaban fundar el establecimiento bajo las órdenes del doctor Gerónimo de la Cueva, había de llamarse “Villa de Asunción”; tenía el propósito específico de proteger a los viajeros que iban y venían de las minas de Zacatecas y de Guanajuato o Guadalajara. Se dio al nuevo poblado una jurisdicción de cinco leguas por todos lados: la fecha de su fundación oficial fue el 22 de octubre de 1575. Pronto se localizó allí un presidio; pero pese a esta protección, la población se redujo, según informes, hasta a dos vecinos en 1548; en ese tiempo había además 16 soldados de presidio y un caudillo. Esta situación pudo atribuirse directamente a la intensificada furia de los ataques de los chichimecas, durante la primera década de existencia de Aguascalientes.

Otro punto de acceso a Zacatecas fue protegido por la fundación, en 1570, del pueblo defensivo de jerez, por orden de la audiencia de la Nueva Galicia. Sus primeros habitantes fueron soldados, “para establecer una casa fuerte y una defensa contra los indios chichimecas. . . y para que así fuese una guardia para los alrededores de la ciudad de Zacatecas y su camino”. Afortunadamente para el éxito de esta fundación, los zacatecos se mostraban relativamente dóciles y amistosos con los españoles. Entre los fundadores de Jerez se encontraron el importante combatiente de indios y fundador de presidios, capitán Pedro Carrillo Dávila, Pedro Caldera y Martín Moreno.

Hasta aquí la transcripción del libro del Sr. Powell.

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