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Todos los
virreyes de México del siglo
XVI se vieron obligados a interesarse en la defensa de los caminos contra
las depredaciones de los chichimecas; la mayor parte de las medidas
españolas en las cuatro primeras décadas de la guerra hispano-chichimeca
tendieron a salvaguardar el tráfico de los caminos. Como hemos visto, la
primera colonización defensiva, emprendida por el virrey Velasco, tuvo como
móvil básico la protección del camino México-Zacatecas. El siguiente paso
importante -el acantonamiento de tropas y fuertes a intervalos alrededor de
estos caminos, con escoltas militares para los convoyes de carretas- fue
tempranamente planeado, pero tardíamente puesto en vigor. Más de dos décadas
de guerra con los chichimecas pasaron antes de que se pusiera en efecto la
política de los presidios, que incluía un sistema de escolta militar entre
los puntos defensivos fortificados, llegando a ser base de la estrategia
militar española en la Gran Chichimeca.
La
necesidad de esta clase de acción que había aumentado hasta tal grado a
fines de la década de 1560, el virrey Enríquez la consideró de fundamental
importancia y pronto prestó atención a la salvaguardia del camino
México-Zacatecas. La parte más peligrosa de este camino se hallaba entonces
entre San Miguel y Zacatecas, donde el camino corría paralelo a los bordes
del territorio de los guachichiles.
Los dos
primeros presidios construidos por orden de Enríquez fueron el de Ojuelos
y el de Portezuelo, al norte de San Felipe, escenario de las más grandes
depredaciones de los guachichiles. Es probable que ambos fuertes fuesen
levantados en 1570. El Presidio de Ojuelos en el lugar hoy conocido
como Ojuelos de Jalisco, fue establecido por el capitán Pedro
Carrillo Dávila con algunas de las tropas de la escolta de la
audiencia de México. Carrillo Dávila ya estaba bien versado en la guerra
contra los chichimecas por su papel de justicia de la Villa de San Felipe.
Había sido capitán desde el tiempo de las campañas de Pedro de Ahumada, y
también había luchado contra los chichimecas diez años antes. El fuerte de
Portezuelo estaba localizado casi a mitad del camino entre San Felipe y
Ojuelos, en el paso entre la Sierra de San Pedro y la Sierra del Pájaro
cerca del actual poblado de Ocampo. Al parecer, el número de soldados
acantonados en estos dos fuertes no era muy grande: una orden del conde de
Coruña en 1582 determina que solamente había de haber seis soldados para
estos dos presidios “y más adelante”.
Más allá de San Felipe, Portezuelo y Ojuelos, pronto se colocaron tres
presidios más en el camino de Zacatecas, al pasar por la audiencia de la
Nueva Galicia. Fueron: Las Bocas, Ciénega Grande y Palmillas, que fueron
fundadas por el capitán Juan Domínguez, experimentado combatiente de indios,
bajo la supervisión general del doctor Orozco, administrador de la frontera
de la Nueva Galicia. Las Bocas fue el primer fuerte situado al norte de
Ojuelos, probablemente ubicado en Las Bocas de Gallardo, hoy en el estado de
Aguascalientes. Se hallaba dentro de la alcaldía mayor de Teocaltiche en
1584, más o menos en la actual frontera de Zacatecas y Aguascalientes,
ligeramente al sudoeste de la moderna Villa García. Palmillas se hallaba
cuatro leguas al sudoeste de la ciudad de Zacatecas, cerca del actual
poblado de Ojocaliente. Ciénega Grande, más cerca de Las Bocas que de
Palmilla, probablemente se hallaba ubicado cerca de la actual Tepezala: se
describió como “sobre los ríos de Tepezala”; acaso estuviera a orillas del
río hoy conocido como Gil, o Ciénega Grande, en la actual frontera entre
Aguascalientes y Zacatecas, directamente al este de la ciudad de Rincón de
Romos.
Para suplementar estos cinco fuertes se estableció una guarnición de
soldados en San Felipe, al parecer después de 1571. Ya en 1585, había allí
localizados veinte soldados de presidio.
Aún más que la política de presidios organizada por Martín Enríquez, el
establecimiento de poblados españoles defensivos fue consecuencia duradera y
fundamental de la lucha del siglo XVI en la Gran Chichimeca. Estos poblados
defensivos generalmente son parte integral del sistema de protección a los
caminos planeado por Enríquez y por don Luis de Velasco. La mayoría de los
poblados pronto llegaron a ser sedes de guarnición; sus primeros pobladores
frecuentemente fueron soldados; su agricultura y ganadería mantuvo vivo el
tráfico por la tierra de guerra, y sostuvo precarios campos mineros ante el
peligro indio. Debe recordarse que el virrey Velasco comenzó con poblados
defensivos antes que presidios para la protección en los campos (aunque
también él planeó esta última), sabia política que fue extendida durante la
administración de Enríquez y que, en último análisis, resultó la mejor base
para que la fuerza de españoles e indios sedentarios lograra imponer el
orden en la tierra de los chichimecas.
El
mayor de todos los poblados defensivos españoles establecidos por el virrey
Enríquez fue Celaya. Cronológicamente, Celaya fue el primero;
estratégicamente, uno de los más importantes, y en el futuro había de ser
una de las ciudades de México. Su fundación fue autorizada por Enríquez el
12 de diciembre de 1570, como resultado de una petición de un grupo de
estacionarios vascongados de los alrededores de Apaseo, deseosos de fundar
una ciudad que pudiera servir de protección contra los ataques chichimecas.
Celaya fue planeada, parcialmente, como poblado indio -para ayudar a
congregar a los indios nómadas del Bajío-, pero sus principales objetivos
fueron la protección a los caminos y la colonización de una zona en que
pudiera cultivarse alimentos para las minas del norte.
La
petición de los estancieros para la fundación de Celaya fue aprobada por el
doctor Francisco de Sande, teniente capitán-general para la audiencia de
México. Juan Torres de Lagunas, alcalde mayor de Guanajuato, fue nombrado
por el virrey para elegir el sitio exacto del poblado propuesto, tomando en
cuenta las necesidades de la protección a los caminos. La decisión de Torres
de Lagunas había de ser confirmada por el doctor Sande. Este último fue
encargado de planear la nueva población y de designar los sitios de la
iglesia, la casa de cabildo, la plaza, así como las concesiones a colonos.
Al parecer, la construcción de los edificios del poblado se llevó a cabo
bajo la supervisión del doctor Alonso Martínez, juez de comisión y visitador
de Celaya y otros poblados del Bajío.
Otra importante fundación, durante el período de Enríquez fue la de la villa
de León en el Valle de Huastatillos (después llamado Valle de Señora). La
orden de planear y organizar fue al doctor Juan Bautista de Orozco. Como
principal razón para fundar la ciudad, el virrey afirmó que era necesaria
para la pacificación de los rebeldes chichimecas de las cercanías y
especialmente para la protección de las minas de Comanja y Guanajuato. La
jurisdicción de la nueva villa había de extenderse cuatro leguas hasta los
límites de Guanajuato e incluiría cualesquiera tierras que pudieran haber
hasta el borde del río Grande dentro de los límites de la audiencia de la
Nueva Galicia. Si se encontraban 50 vecinos en el nuevo asentamiento sería
llamado “villa”; en cuanto fueran 100, sería llamado
“ciudad”.
Se
exigió a los vecinos de León que poseyeran sus propias armas y caballos,
para su protección; de otro modo no recibirían las concesiones de tierra.
Orozco eligió el emplazamiento de la nueva ciudad, y las ceremonias de la
fundación se celebraron el 20 de enero de 1567. Para ayudar en la
construcción de edificios, Orozco ordenó que de Acámbaro se enviaran 150
indios. Sin embargo, el virrey Enríquez redujo esta cifra a 100, porque los
indios de Acámbaro ya estaban comprometidos a trabajar en Celaya y en las
minas de Tlalpujagua y porque no podía conseguir tantos trabajadores como
los que Orozco había considerado necesarios para León.
Entre la fundación del poblado de Celaya y el de León, se hicieron intentos
por establecer colonos en Charcas, al norte de lo que después sería el
poblado minero de San Luis Potosí, y en Tepezala, al norte de
Aguascalientes. Las órdenes reales estuvieron fechadas el 16 de abril de
1573, y al parecer en ese mismo año se intentó cumplir con ellas. Sin
embargo, para marzo del año siguiente, estos poblados incipientes estaban
resultando demasiado débiles para resistir los embates de los chichimecas y
estuvieron a punto de ser abandonados, lo mismo pudo decirse de Santa María
de los Lagos, que había sido fundada una década antes; por entonces sólo
quedaban ocho vecinos en Lagos. Estos tres poblados fueron considerados de
importancia por su estratégica ubicación para la defensa, pero las ofertas
de tierra y otros incentivos no atrajeron al principio suficientes colonos
para disipar el miedo a los chichimecas. En una cédula real del 21 de abril
de 1574, el doctor Orozco fue alabado por su diligencia al establecer
Charcas y Tepezala y al darles capitanes y en la audiencia de la Nueva
Galicia recibieron órdenes de hacer todo lo posible para formar más poblados
en los sitios de peligro, así como en la frontera de los indios pacíficos,
para poder protegerlos.
El
pueblo de Aguascalientes, cerca de Tepezala, parece haber cumplido mejor con
sus funciones defensivas (salvo algunos fracasos temporales) probablemente
porque cuando el poblado se fundó ya había en sus alrededores bastantes
vecinos dispersos. Se dio permiso de fundar la ciudad a Juan de Montoro,
Alonzo de Alarcón, Gerónimo de la Cueva “y otras muchas personas” que
deseaban fundar el establecimiento bajo las órdenes del doctor Gerónimo de
la Cueva, había de llamarse “Villa de Asunción”; tenía el propósito
específico de proteger a los viajeros que iban y venían de las minas de
Zacatecas y de Guanajuato o Guadalajara. Se dio al nuevo poblado una
jurisdicción de cinco leguas por todos lados: la fecha de su fundación
oficial fue el 22 de octubre de 1575. Pronto se localizó allí un presidio;
pero pese a esta protección, la población se redujo, según informes, hasta a
dos vecinos en 1548; en ese tiempo había además 16 soldados de presidio y un
caudillo. Esta situación pudo atribuirse directamente a la intensificada
furia de los ataques de los chichimecas, durante la primera década de
existencia de Aguascalientes.
Otro punto de acceso a Zacatecas fue protegido por la fundación, en 1570,
del pueblo defensivo de jerez, por orden de la audiencia de la Nueva
Galicia. Sus primeros habitantes fueron soldados, “para establecer una
casa fuerte y una defensa contra los indios chichimecas. . . y para que así
fuese una guardia para los alrededores de la ciudad de Zacatecas y su
camino”. Afortunadamente para el éxito de esta fundación, los zacatecos
se mostraban relativamente dóciles y amistosos con los españoles. Entre los
fundadores de Jerez se encontraron el importante combatiente de indios y
fundador de presidios, capitán Pedro Carrillo Dávila, Pedro Caldera y Martín
Moreno.
Hasta aquí la
transcripción del libro del Sr. Powell.
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